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La solución al consumo de energía en la vivienda
La solución al consumo de energía en la vivienda

Probablemente nadie, y eso a pesar de que supone una inversión inferior y se trata de un bien que tiene una vida útil mucho menor que la vivienda, que además, en muchos casos, no es estrictamente necesario tener. 

La cuestión es que la información sobre los consumos de los turismos se reguló en España hace 14 años, mediante una normativa que nació "como una de las medidas para conseguir los objetivos establecidos en el Protocolo de Kioto y con objeto de reducir las emisiones de CO2 y potenciar el ahorro de energía, con la finalidad de aportar una información precisa, pertinente y comparable sobre el consumo de combustible y emisiones CO2 que influya en la decisión del consumidor, impulsando de este modo a los fabricantes a reducir el consumo?"

Quizás el hecho de que el decreto de los coches llegara 11 años antes que el de los edificios, haya conseguido que las marcas de coches lleven años compitiendo e innovando para aumentar su eficiencia en consumos y emisiones de CO2. Con toda seguridad también sea responsable de que el consumidor conozca, casi a la perfección, el consumo de su coche, lamentablemente no tanto sus emisiones de CO2, si bien éstas puede ser un factor determinante para superar las revisiones periódicas (ITV). Y a su vez el sector camina hacia un escenario más limpio y eficiente que satisfaga al consumidor y beneficie al planeta y a la lucha contra el cambio climático.

Sin embargo, ¿hacia qué escenario caminan nuestros edificios? Los edificios del futuro inmediato serán NZEB (nearly zero energy building) o edificios de consumo de energía casi nulo con una muy baja demanda de energía y en los que tomen un mayor protagonismo las energías renovables. Pero la meta no está cercana y aún tendremos que esperar unos años para asistir a esta "transición". 

Por seguir con el símil con los coches, en el sector de los edificios estaríamos con la mayor parte de nosotros viviendo en viviendas con niveles de consumo de combustible y de emisiones de CO2 de hace 30 o 50 años, que nunca han pasado la ITV; pero los edificios del futuro consumirán muy poco y serán más limpios, aunque todavía no sabemos cómo serán ni en qué nos beneficiarán. Los profesionales del sector saben dónde estamos y a dónde tenemos que llegar pero el consumidor y el ciudadano, desconocen qué son, qué ventajas tienen y, por tanto, no los demandan.

La regulación no genera incentivos

Tampoco la regulación normativa o los programas de ayudas han conseguido generar incentivos para crear un mercado de viviendas más eficientes. Pero lo más paradójico de todo es que en los edificios, en las casas, las personas viven, duermen, comen y pasan muchas horas de su vida. Y es que detrás de los beneficios de ahorro energético y económico que puede tener un edificio más eficiente se encuentra la principal ventaja, que es intangible, y es la protección de las personas al vivir en un edificio confortable y con unas condiciones adecuadas para la salud de sus usuarios, lo que sin duda redundará en una mayor calidad de vida.

La Fundación La Casa que Ahorra seguirá con su labor de concienciación y sensibilización para lograr que los propietarios conozcan y demanden edificios más eficientes y puedan decir convencidos, "me quedo con esta casa, que consume menos energía? y me ofrece mayor calidad de vida". Tenemos a nuestro alcance la construcción de un futuro sostenible. La solución está en nuestras manos.

Fuente: El Economista

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